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El Edificio Chrysler, excelente símbolo del art déco y obra maestra del arquitecto William Van Allen, se terminó en 1930 y, hasta la construcción del Empire State Building, fue el rascacielos más alto del mundo.

En un principio, el edificio fue diseñado para William Reynolds, fundador del parque de atracciones de Coney Island. Sin embargo, este decidió poner en venta el proyecto, asustado por la audacia de sus formas. Se lo adueñó el magnate Walter P. Chrysler que, corriendo con los gastos, lo transformó en la sede de la empresa de automóviles homónima.

Recorre la esbelta figura de esta torre con la mirada para observar los diferentes y originales elementos decorativos que, intencionadamente, recuerdan a los de algunos modelos históricos de Chrysler.

Fíjate en las decoraciones metálicas que simulan las tapas aladas de los radiadores. O las ruedas estilizadas con enormes pernos plateados que hay en el friso. Observa también las rejillas de ventilación externas, parecidas a las tomas de aire laterales, o las inquietantes águilas estilizadas, símbolo de los Estados Unidos, además de ser el logo de uno de los modelos de esta marca.

Y, para terminar, no pierdas de vista la espléndida punta de acero inoxidable, escalonada hasta la cima, con arcos que contienen ventanas triangulares radiadas: ¡la clásica guinda del pastel!

 

Ahora, pon el audio en pausa y dirígete hacia la entrada del edificio.

 

El vestíbulo, con la inusual planta triangular, las espléndidas lámparas art déco, el impresionante mosaico del techo, las paredes de mármol rojo africano y travertino sienés, casi recuerda al refugio de Batman.

Vuelve la mirada hacia los ascensores; verás que no hay dos iguales: las cabinas, con las elaboradas taraceas de los paneles interiores de madera de excelente calidad, parecen transportar a los afortunados pasajeros directamente al Antiguo Egipto.

Curiosidad: la aguja del edificio, con más de cincuenta metros de alto, se construyó secretamente en su interior y se colocó en menos de dos horas, ante la atónita mirada de miles de curiosos y, sobre todo, de su arquitecto, Severance, que pretendía dejar boquiabierto a su rival Van Allen en la frenética carrera por construir el rascacielos más alto del mundo.

 

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